Una fiscalidad compensatoria.

Comparte este artículo

WhatsApp
Twitter
Facebook
LinkedIn
Telegram
Email
La inflación ha llegado para quedarse por un largo tiempo. Lamentablemente y como efecto de la Constitución del 80, estamos condenados a sufrir la tozudez de la política monetaria del Banco Central que, por razones ya ideológicas, busca contenerla empujando al país a una recesión.

Escrito por: Patricio Escobar, desde Barcelona.

Esta publicación fue obtenida de la plataforma: La Mirada Semanal

Al noveno mes de este año 2022, la economía chilena enfrenta una situación inflacionaria que no registraba desde hace tres décadas. La inflación anual al mes de septiembre recién pasado alcanzó una variación anual del 13,7%. En el mes de julio del año 1992 se encontraba en idéntica situación. Esto ha encendido las alarmas de diferentes agentes que, o son los responsables del control de la variación de los precios, o conocen de los efectos que provoca el exceso de celo de las autoridades monetarias.

La inflación en Chile

Chile tiene una de las historias inflacionarias más largas del mundo, y en distintos periodos esto ha provocado agudas crisis sociales. Uno de los momentos de más graves desequilibrios en los mercados se produjo a inicios de la dictadura militar de Augusto Pinochet. Al mes de septiembre de 1973, la inflación anualizada alcanzó una variación del 286,1%. Sin embargo, lo peor ocurrió una vez instalada la dictadura, cuando la liberalización de los precios llevó esa variación en marzo de 1974 al 708,8%, lo que constituye el hito más grave observado.

Fuente: Tomado de Datosmacro.com
https://datosmacro.expansion.com/ipc-paises/chile?sc=IPC-IG

Este problema ha conducido a agudos debates políticos respecto a la responsabilidad en la conformación de estos escenarios de desequilibrio y también a discusiones teóricas en el campo de la economía que buscan determinar la eficacia de una u otra medida de política económica y las implicancias que traen aparejadas. En una historia tan larga podemos encontrar diversos acercamientos, según las corrientes económicas prevalecientes en cada época.

Desde la década del setenta, durante el siglo pasado, se impuso la corriente monetarista en economía, que tendía a privilegiar como variable explicativa del fenómeno inflacionario al exceso de dinero en el mercado interno. Desde esa perspectiva, “políticos irresponsables”, particularmente en época de elecciones, se inclinaban por distintas formas de emisión inorgánica con el fin de alcanzar objetivos políticos. Esto redunda en que demasiado dinero persigue pocos bienes disponibles, dando lugar a un ajuste del exceso de demanda por la vía del aumento de los precios.

Enfrentados a este cuadro, las opciones de política económica se reducen a las acciones monetarias (aumento de las tasas de interés) destinadas a reducir la cantidad de dinero circulante y así reestablecer los equilibrios entre oferta y demanda. Como es evidente, esto siempre acarrea un gran costo social, debido al incremento del desempleo que se produce con el encarecimiento del dinero, frente a lo cual se alega que “combatir la inflación es necesario porque es un problema que sufren principalmente los más pobres”.

Ciertamente los trabajadores y los pobres son víctimas privilegiadas de la inflación, porque destinan todo su ingreso a comprar bienes y, si estos suben de precio, acceden a una menor cantidad aún. Pero también hay otras “víctimas” de la inflación y son aquellos que están en las antípodas de los más postergados. Son los que poseen grandes volúmenes de ahorro, que se haya diversificado, incluso en instrumentos nominales que no están a cubierto de la inflación. Pero, proteger sus intereses no es algo que suene especialmente bien políticamente, y es mejor insistir en que el sufrimiento social que provoca una tasa de interés más alta es para proteger a los más pobres de la sociedad. “Las penas de hoy son para el bienestar de mañana.” Pero no es tan necesario detenernos en que “penas” y “bienestar” nunca se reparten muy equitativamente.[1]

Fuente: Elaborado con información de Datosmacro.com e INE.cl  https://datosmacro.expansion.com/ipc-paises/chile?sc=IPC-IG e https://www.ine.cl/estadisticas/economia/indices-de-precio-e-inflacion/indice-de-precios-al-consumidor

Incluso no ha faltado la ocasión en que, desde la misma perspectiva, se advierte que los incrementos salariales, además de provocar más desempleo, también aceleran la inflación, debido a que provocan el mismo efecto que los políticos irresponsables: hacen crecer la cantidad de dinero en circulación. Esto, que suena bastante serio, no posee una evidencia que lo respalde, pero claro, tampoco es necesario detenernos en detalles desagradables.

Nuestra inflación de cada día

Uno de los principios más importantes del análisis económico es prestar atención a los datos de la realidad e interpretarlos de acuerdo a los contextos sociopolíticos en que se producen. Un guarismo por sí solo no provee suficiente información para tomar decisiones.

Fuente: Elaborado con datos de Bcentral.cl
https://si3.bcentral.cl/siete/ES/Siete/Canasta?cbFechaInicio=2012&cbFechaTermino=2022&cbFrecuencia=MONTHLY&cbCalculo=SIN_SELECCION&cbFechaBase=

El gráfico anterior refleja el principal aspecto de la política monetaria que lleva el Banco Central. Se trata de la definición de la llamada Tasa de Política Monetaria (TPM) que, al final de cuentas, determina el nivel de tasas comerciales de colocación. Si la TPM se eleva, los bancos suben las tasas con que ofrecen sus créditos al público, y viceversa.

Desde el año 2015 hasta el 2020, se observa un movimiento de tasas que es prácticamente el reflejo inverso del comportamiento de los precios. Ello implica que, con toda probabilidad, los episodios de variación de los precios tenían un origen monetario tradicional (exceso de dinero), y la variación de la TPM lograba corregir su tendencia.

Sin embargo, desde el año 2020 la escalada de precios se vuelve insensible a las variaciones de la TPM, algunas de las cuales han sido especialmente drásticas. Desde marzo de este año a la fecha, la TPM se duplicó, pasando del 5,5% al 11,25%, y en los últimos 12 meses se multiplicó más de siete veces.

La inflación de hoy

La razón que explica la persistente insensibilidad de la inflación frente a la TPM es que los precios están variando en Chile debido a factores exógenos. Entendemos que la inflación posee variables detonantes o que están en su origen, y variables de propagación. Por ejemplo, el aumento del costo de los combustibles origina un proceso inflacionario y luego impacta en la producción de todos aquellos bienes que lo tienen como un insumo importante de la estructura de costos. Al final, no es solo el precio de los combustibles lo que varía; también lo hace el pan y otros, lo que impacta en la producción de otros bienes, alguno de los cuales la acelera con más fuerza.

La situación actual es un fenómeno global. El 80% de los países tiene actualmente una inflación interanual superior al 6%[2], valor en el cual comienzan a aplicarse medidas restrictivas generalmente.

La pandemia, que supuso restricciones en la producción de diversos bienes y la interrupción de suministros y cadenas de abastecimiento, comienza a provocar sus efectos en los mercados a inicios del 2020. Este escenario se ve reforzado con la guerra de Ucrania, que golpea con violencia en algunas regiones. Es el caso de Europa, que sufre una restricción en la oferta de combustibles y de manufacturas. Estos factores están en el origen de nuestro proceso inflacionario en Chile y en los desequilibrios que enfrentan muchos países.[3]

Fuente: Elaborado con datos del INE. https://www.ine.cl/estadisticas/economia/indices-de-precio-e-inflacion/indice-de-precios-al-consumidor

¿Y ahora qué?

La inflación actual ha llegado para quedarse por mucho tiempo. Si la pandemia provocó una drástica alteración de las cadenas de producción y distribución de mercancías, la guerra está dando lugar a un reordenamiento de los espacios de comercio y a una era de restricción en la oferta de insumos estratégicos. El efecto es un cambio importante en los precios relativos de materias primas y bienes industriales. Un automóvil eléctrico no solo será difícil de conseguir;[4] en adelante costará muchos más salarios medios o kilos de pan que hace un año.

La única alternativa de política pública destinada a aliviar los efectos de la inflación es una “fiscalidad compensatoria”. Viviremos con variaciones de precios muy por encima de lo que estamos acostumbrados y que no serán factibles de corregir mediante los instrumentos monetarios tradicionales. Insistir tozudamente por ese camino solo puede provocar estanflación, es decir, recesión e inflación simultáneamente. Las personas que viven de su salario ven reducir día a día su poder adquisitivo al lograr acceder con su dinero solo a una fracción de los bienes que antes adquirían en el mercado, con todo el efecto social y político que ello implica.

Frente a eso, es necesario que el Estado asuma la provisión gratuita (o con un subsidio importante) de bienes o servicios de alto consumo. En Alemania y en España, con diseños similares, se está subsidiando al 100% el transporte de cercanías, aparte de reducir significativamente el uso de los vehículos particulares, que ya no pueden competir con un transporte público a precio cero. Están permitiendo que las familias reasignen su ingreso para mantener el consumo de otros bienes que debieron reducir por el aumento de precios. Al mismo tiempo, la menor demanda de combustible por parte de los automóviles particulares ayuda a estabilizar ese mercado.

En Chile el transporte es un componente de gasto significativo, como también lo son los servicios sanitarios y los medicamentos. Pueden ser áreas en las cuales aplicar un modelo de esta naturaleza. Lo mismo ocurre con los combustibles de uso residencial, cuyo subsidio no solo contribuye al bienestar de las familias, sino que, además, su consumo no inyecta dinero en la economía nacional debido a que es un bien importado.

El financiamiento de esta política fiscal debe satisfacer la condición de no ampliar la presión de demanda en el mercado interno. En el caso del transporte, puede financiarse mediante la emisión de bonos de largo plazo con el aval del Estado. Ciertamente, es más simple cuando existe una empresa pública como responsable final del servicio, aun cuando existan operadores privados que ejecuten una concesión. Sin embargo, es perfectamente posible, en las actuales condiciones, aplicar una política de este tipo.


[1] Bien cantaba Alfredo Zitarrosa, “…las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas”.

[2] https://datosmacro.expansion.com/ipc-paises

[3] Ver análisis específicos en https://lamiradasemanal.cl/a-50-anos-del-primer-shock-petrolero-por-patricio-escobar-barcelona/ – https://lamiradasemanal.cl/el-mercado-de-los-alimentos-y-la-guerra-de-ucrania-por-patricio-escobar-desde-barcelona/ – https://lamiradasemanal.cl/un-crimen-y-varios-errores-la-mano-de-occidente-tras-la-guerra-de-ucrania-por-patricio-escobar-desde-barcelona/

[4] Actualmente en Europa, el tiempo de espera para la entrega se encuentra en torno a un año. https://www.sixt.es/magazine/consejos/plazos-entrega-coches-electricos/

Contenidos Relacionados

Foro por un Desarrollo Justo y Sustentable

Integramos una corriente de profesionales de la economía y las ciencias sociales que a nivel mundial privilegia la calidad del crecimiento, una distribución justa de los ingresos, la sustentabilidad, la competencia y la transparencia de los mercados.

Síguenos en Redes Sociales

Últimas publicaciones

Últimos Tweets

Contenido Audiovisual Reciente

Suscríbete a nuestro Newsletter