Osvaldo Rosales: «El RCEP: comercio, geopolítica y un nuevo desafío para Biden»

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Tras 8 años de complejas negociaciones, se firmó el RCEP en la reciente Cumbre ASEAN.

Se constituye en el acuerdo comercial más importante, cubriendo cerca de 1/3 de la población y el PIB mundial. El RCEP (Regional Comprehensive Economic Partnership) incluye a China, Japón, Corea del Sur, Australia, Nueva Zelanda y a las diez economías de ASEAN (Brunei, Camboya, Filipinas, Indonesia, Laos, Malasia, Myanmar, Singapur, Tailandia y Vietnam). India salió del RCEP a fines de 2019, alegando presiones agrícolas internas.

Este es un objetivo de larga data en la diplomacia china y Occidente lo dio por muerto en varias ocasiones. El momento en que se concreta es llamativo: i) en plena recesión y pandemia mundial; ii) en medio de la intensa disputa comercial y tecnológica entre USA y China; iii) con una tenaz campaña de Trump por bloquear a Huawei y otras empresas chinas en Asia; iv) con un gran esfuerzo norteamericano por aislar a China de sus socios en la región asiática.

El comunicado de ASEAN destaca el compromiso de los países firmantes con la promoción del comercio, la defensa del multilateralismo y el fortalecimiento de las cadenas de valor regional, como ejes para la recuperación económica de la región. Este mensaje cuestiona drásticamente el sentimiento más proteccionista que se difunde en Occidente.   

El acuerdo se concretó pese al apoyo financiero de Japón a empresas nacionales que salgan de China; al alineamiento de Japón y Australia con USA en bloquear las redes 5G de Huawei; al endurecimiento de la política exterior de Australia contra China, a raíz de acusaciones sobre el origen del covid-19 y pese a las disputas territoriales en el Mar del Sur de China que China mantiene con Japón, Filipinas y Vietnam.

El RCEP logró sobreponerse incluso a dos iniciativas geopolíticas muy promovidas por USA; ambas orientadas a contrapesar la influencia de China en la zona, pivoteando en torno a India. Se trata del Diálogo de Seguridad Cuadrilateral (QUAD) que incluye a USA, Japón, Australia e India y del Indopacífico Libre y Abierto (FOIP, en inglés), promovido por Japón y que agrega a Indonesia, aunque con matices. Si bien el Quad dice promover los valores de “derecho internacional, la democracia y el libre mercado”, en la práctica, lo que destaca son los ejercicios aéreos, navales y militares que estos países realizan en el Indico. FOIP se debilitó bastante con la salida de USA del TPP. La concreción del RCEP puede indicar que los países asiáticos no pueden prescindir del vínculo económico con China ni tampoco de la protección de seguridad que les provee USA y que no desean tener que optar entre ambos.       

El RCEP entrará en vigor cuando lo ratifiquen en sus parlamentos 6 países de ASEAN y 3 de fuera del ASEAN. Si USA deseara ingresar al RCEP, primero debería alcanzar un acuerdo con ASEAN.

El RCEP profundiza los acuerdos bilaterales de ASEAN con los otros 5 países; elimina aranceles sobre el 92% del comercio; simplifica procedimientos aduaneros e incorpora nuevos temas (e-commerce, cadenas de valor regional, defensa de la competencia y comercio de pymes). 65% del sector de servicios se abre a la competencia, destacando los financieros, telecomunicaciones, servicios profesionales y movimiento temporal de personas. Las provisiones en servicios operan por lista negativa y aseguran acceso a mercado, trato nacional, de nación más favorecida y presencia local. USA descalifica al RCEP porque no se asimila a sus acuerdos, particularmente en propiedad intelectual, uno de los temas que más ha contaminado el debate sobre comercio y desarrollo, identificándose menos con comercio y más con los intereses de los gigantes norteamericanos en los ámbitos farmacéuticos, del cine y el software.

El RCEP desmejora la competitividad norteamericana en esa zona y otorga nuevos bríos a las cadenas de valor articuladas en torno a China, el primer socio comercial de las economías del RCEP. Más allá de los temas de seguridad, Biden debe ofrecer una respuesta económica a China en el vínculo con Asia, la región más dinámica del siglo XXI. Sus opciones no son fáciles: i) retornar al TPP, estrategia cuestionada por Bernie Sanders y por buena parte de los demócratas y el electorado; ii) iniciar negociaciones con ASEAN para luego ingresar al RCEP, lo que supone negociar con China. Ambas opciones incluyen a Vietnam, ahora visto en USA como el nuevo peligro de exportaciones baratas que dañan sus manufacturas. Retornar al TPP obligaría a reponer cláusulas sobre propiedad intelectual e inversiones que fueron congeladas, una vez que USA se marginó del TPP. Reponerlas ahora no será fácil, recordando las objeciones que Malasia y otros países plantearon en su momento.

El otro camino es el multilateral. Para eso, Biden debería recomponer la relación de USA con la OMC, facilitando la nominación de árbitros en el Órgano de Apelación y promoviendo la reforma y renovación de la OMC, en estrecha alianza con la UE, Japón, Canadá, Australia, entre otros.  De conseguir un amplio respaldo en esta dirección, podría forzar acuerdos con China en subsidios estatales y propiedad intelectual, acuerdos que también convienen a China. Esto exige un amplio uso de capital político con el Congreso y en el exterior. Dadas las exigencias internas de combatir la pandemia, la recesión y de atenuar el clima de odio que han instaurado Trump y la ultraderecha, por ahora, no se ve demasiado espacio para que Biden otorgue prioridad a estas iniciativas internacionales.   

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