Diego Portales: ¿Quo Vadis Gobernadores Regionales?

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El 13 de junio de 2021 quedará grabado en la historia de Chile. Por primera vez, en más de 200 años de vida independiente, han sido elegidos las y los primeros gobernadores regionales. No ha sido fácil. Los intereses y las contumaces estructuras mentales de quienes detentan el poder se resistieron hasta el final. Alguna vez se contará la historia de todas las gestiones para impedirlo, postergarlo o minimizarlo. Estas últimas siguen en pie de guerra, silenciosa, pero obstinadamente.

Dos días después, el 15 de junio, no el jefe del Estado Sebastián Piñera, sino la presidente del Senado, Yasna Provoste, convocó a una reunión de trabajo a los 16 elegidos. Para felicitarlos y para concordar con ellos avances en la agenda legislativa que todavía sigue pendiente, ante la falta de un gobierno decidido a colocar las necesarias urgencias y los escamoteos ocultos en los laberintos de su administración.

La Instalación

La próxima etapa de esta historia se llama “la instalación”. Una vez más ella no estará exenta de problemas. Ante el fracaso de sus maniobras dilatorias, el ejecutivo ha buscado diversos caminos que busca arrebatar la legitimidad política y social del ejercicio de la soberanía popular. Ellos buscan dejar los símbolos del poder en manos del representante del presidente de la República y no de la persona elegida por el pueblo.  Es como si en marzo de 1990 Pinochet hubiera intentado quedarse en la Moneda y enviado al presidente Aylwin al Edificio Diego Portales. Un desatino más en una gestión deplorable de este trascendente cambio institucional.

El punto de partida no puede ser peor. Un país azotado por la pandemia, con una crisis económica y social de proporciones, con un gobierno ausente o extraviado y un emergente proceso de transformaciones que todavía no logra encauzarse del todo. En ese contexto, la elección de gobernadores constituye una luz de esperanzas para los territorios; alguien estará a cargo de tomarle el pulso a la situación, escuchar a la ciudadanía, defender sus intereses y proponer soluciones.

Entre otros “detalles” que faltan por configurar están la puesta en marcha de las leyes ya aprobadas (varios importantes reglamentos llevan años tramitándose en el gobierno como el de los Planes de Ordenamiento Territorial o el que crea el Consejo Regional de Ciencia, Tecnología e Innovación para el Desarrollo), la ley que aclara conceptos y procedimientos para una mejor gestión del gobierno regional, otra ley que debiera asegurar ingresos fiscales crecientes y bien distribuidos a los 16 gobiernos regionales para el cumplimiento de sus nuevas competencias y, especialmente, la creación de un clima de colaboración entre las autoridades nacionales y las territoriales que favorezca el cumplimiento de los objetivos de unos y otros.

Las y los gobernadores llegarán con la legitimidad de la elección popular, serán acogidos por gobiernos regionales cuyos consejeros y funcionarios esperan con expectación hacerse cargo de la nueva etapa y con un clima de opinión muy favorable a la renovación de la democracia, la participación social y la necesidad de acercar el poder a la gente. Es una oportunidad muy prometedora para reducir la mezquindad y abrir los espacios para una mayor solidaridad entre todas y todos. El próximo 14 de julio, las 3 mujeres y 13 hombres que asumirán sus nuevas tareas serán responsables de cumplir con estos sueños.

Enfrentar la crisis(Corto Plazo)

Los juicios de valor sobre las nuevas autoridades se irán construyendo en torno a las salidas de la crisis. Parte de esa responsabilidad recaerá en la capacidad de escuchar, proponer y resolver situaciones por parte de las nuevas autoridades. Más escuchar que proponer y más proponer que resolver. Sabemos que las competencias son pocas y los recursos que estarán disponibles serán menos. Pero, está cerca el ejemplo de los alcaldes, quienes tras el estallido social y la aparición de la pandemia han tenido una valoración más positiva que las autoridades con mucho poder, pero que están lejanas de los sentimientos y necesidades del mundo popular.

Gobiernos regionales con liderazgos activos que recogen demandas, se harán cargo de lo que está en sus manos y reclamarán soluciones del nivel central cuando las competencias y los recursos sean ajenos, y podrán ir construyendo credibilidad y mejorando el funcionamiento de las instituciones. No se requieren milagros. Sí, mucho trabajo, coherencia y comunicación. No será fácil, pero, con esos atributos, será posible avanzar.

La construcción de alianzas público, privadas, académicas y sociales en cada uno de los territorios es el primer paso. La preocupación por el empleo, la inversión pública y privada, la canalización de ayudas a quienes están imposibilitados de trabajar o de producir, el cuidado de la salud y una comunicación franca con la comunidad pueden ayudar mucho.

Mal haría el gobierno nacional, el actual y el que venga en 2022, en despreciar este aporte que las nuevas autoridades y el proceso descentralizador pueden hacer a la solución de los problemas. Enfrentar colaborativamente las crisis, entre todos los niveles del Estado, es una condición sine qua non de las salidas o la reducción de los problemas.

Una de las ideas de amplio consenso en la reunión de los gobernadores con la presidente del Senado fue la necesaria creación de una Asociación Nacional de Gobiernos Regionales (prefiero hablar de gobiernos y no de gobernadores porque pienso que el espíritu de la conversación busca valorar más las instancias colectivas que el brillo individual), entidad dedicada a intercambiar experiencias, proponer avances institucionales e impedir el ninguneo propio del centralismo extremo.

Los nuevos escenarios(El Mediano y Largo Plazo)

Las nuevas autoridades asumen en un momento de cambios. La primera vuelta de la elección se efectuó simultáneamente con la de los convencionales constituyentes. El 14 de julio próximo asumirán las y los gobernadores y, en esos días, también se instalará la Convención. Es un momento propicio para el diálogo: la renovación de la democracia chilena requiere el enriquecimiento de las propuestas con el aporte de todas y todos. Las y los Gobernadores (al igual que alcaldes y ciudadanos) tendrán la oportunidad de hacer presente experiencias y opiniones a quienes deben redactar la nueva Carta Fundamental. La descentralización del poder, junto con la participación social serán ingredientes fundamentales de las nuevas reglas del juego democrático.

Al mismo tiempo, será necesario crear visiones compartidas. En estos años se están renovando las Estrategias Regionales de Desarrollo (ERD) un instrumento de planificación del desarrollo territorial que debe ser perfeccionado. Hasta ahora, los documentos elaborados fueron referentes lejanos del real desenvolvimiento de las regiones. Con gobiernos regionales autónomos, responsables del desarrollo territorial, tendrán que transformarse en instrumentos útiles para señalar el camino, su carta de navegación.

Las responsabilidades por un desarrollo equitativo y sostenible también podrán apoyarse en la elaboración de los Planes Regionales de Ordenamiento Territorial (PROT), el otro instrumento que la ley vigente entrega a los gobiernos regionales para hacer posible dichas metas.

Como dijera Claudio Orrego en El Mostrador (2 de mayo de 2021): “los Gobernadores serán el verdadero director de orquesta del desarrollo regional”. Con esto se pone el acento en que la nueva autoridad no necesitará tener todos los instrumentos en sus manos, pero sí quien deberá convocar a todos los sectores sociales y poner a conversar a las autoridades de los diferentes niveles en torno a la misma partitura: la visión compartida del desarrollo de cada territorio para que el concierto sea armónico y cada región avance.

En una palabra, si nos preguntan ¿A dónde van los Gobernadores Regionales? La respuesta es clara: deberán ser los nuevos líderes del desarrollo de cada una de sus regiones.

Contenido publicado en La Mirada Semanal

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