Diego Portales Cifuentes: Ensayo sobre la ceguera. El gobierno de Piñera frente a la descentralización

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En la novela de Saramago, cuyo título parafraseamos, el conductor de un vehículo detenido en una esquina con el semáforo en rojo no reinicia la marcha ante el cambio de la luz. Frente a la molestia de los automovilistas y la mirada extrañada de los transeúntes logra comunicarse y dice: “Estoy ciego”.

En la realidad chilena actual quien conduce al país está frente a un importante cambio institucional: es 14 de Julio de 2021, asumen las y los gobernadores regionales electos, y el gobierno solo da palos de ciego: ¿Cuándo se perdió la visión?

Los Datos

Febrero de 2018. El Congreso Nacional aprueba las dos leyes habilitantes de la reforma constitucional que establece la elección de la máxima autoridad regional. El gobierno de Michelle Bachelet logra culminar así, la primera iniciativa comprometida en su programa de gobierno y promovida por una comisión asesora presidencial constituida para ayudar a formular las políticas específicas en la materia. Los textos se publican en el Diario Oficial.

Marzo de 2018. Asume el nuevo presidente de la República. Sebastián Piñera, desde los balcones del Palacio de la Moneda pronuncia su primer discurso, el que marca la agenda. Dice: “Tenemos que acercar el gobierno a la gente. Fortalecer a nuestras regiones y nuestras comunas. Y por eso me comprometo a transferir a los gobiernos regionales y comunales, más atribuciones, más responsabilidades y más recursos”. Claro y preciso.

Período 2018 -2021. Largo y tedioso sería describir todas las acciones y omisiones que han caracterizado este período de gobierno. Entre las acciones más destacadas están los innumerables intentos por postergar la elección cuya fecha estaba establecida en la Constitución: no me refiero a la decisión de consenso producto de la pandemia, sino a las gestiones privadas y las argumentaciones públicas que propiciaban la dilación del proceso. Entre las omisiones principales está el nulo traspaso de competencias efectivas a las autoridades regionales.

Proyectos de Ley. En el momento actual se tramitan dos proyectos de Ley. Uno es la “Ley Corta” que en materia de plazos ha sido bastante alargada. Entre mesas de trabajo, comisiones y demoras ese proyecto está en segundo trámite en el Parlamento. Por otra parte, la llamada Ley de Financiamiento Regional no asegura niveles mínimos, ni tendencias graduales al alza de los recursos transferidos; ni incluye ingresos propios; y, en cuanto a la gestión establece una reforzada tutela del gobierno central a través de SUBDERE y DIPRES. Los especialistas han calificado el proyecto como un retroceso en materia de descentralización.

Las guindas de la torta. Hasta aquí la historia sigue con medidas que llaman la atención por su infantilismo extremo. Pareciera que el gobierno quiere castigar a las regiones por el desempeño desastroso del oficialismo en las elecciones de gobernadores regionales (15 regiones ganadas por la oposición, una sola en manos oficialistas). El Ministerio del Interior decide que los delegados presidenciales ocuparán los espacios históricos de poder, relegando a lugares poco dignos a la máxima autoridad regional. Al mismo tiempo, busca inhabilitar la gestión de la autoridad electa al traspasar recursos necesarios para organizar sus equipos mínimos de trabajo desde el gobierno regional a las delegaciones presidenciales. Afortunadamente, esta última maniobra fue abortada por la rápida reacción de los gobernadores organizados en asociación nacional de facto quienes convencieron al gobierno de la torpeza de la medida.

La Ceguera

Algunos autores han dado cuenta del fracaso gubernamental en las elecciones regionales como producto de la ceguera política de sus dirigentes. Se la jugaron todo a la postergación. No llevaron buenos candidatos. No trabajaron un discurso atractivo y convincente. Y, a pesar de que la oposición llevaba 3 o más candidatos por territorio, perdieron casi todo. Recomiendo al respecto el artículo de Guillermo Pérez ¿El presidente de las regiones? (En www.ellibero.cl)

Pero, lo que me interesa relevar aquí no es la ceguera política, sino la ceguera de Estado. En otros textos hemos dado cuenta cómo el centralismo ancestral del sistema político chileno se quedó sin discurso. No es que haya desaparecido. Ha puesto trabas y muchas a este proceso. Sin bien no es capaz de elaborar una propuesta coherente que compita con el discurso descentralizador, está presenta en la inercia conductual de una multiplicidad de actores.

Este atributo del centralismo no es propiedad de un sector político, tiene cierta transversalidad; aunque se expresa con más fuerza en la derecha que en el centro político o en la izquierda. Se manifiesta en las descalificaciones a la capacidad de las regiones de hacerse cargo gradual de su propio destino. Más importante aún, se revela en la redacción de los proyectos de ley, en las resoluciones administrativas y en la práctica de los actores políticos.

La ceguera de Estado significa descalificar lo que la propia institucionalidad ha aprobado. Si la Constitución Política reformada y las leyes habilitantes señalan que corresponde a los gobiernos regionales hacerse cargo del desarrollo de los territorios y que para eso se procederá a un traspaso gradual de competencias y recursos; si los propios candidatos presidenciales y el mandatario elegido por el pueblo se comprometieron a hacer realidad la descentralización: ¿Cómo es posible que en más de tres años no hayan dado pasos relevantes en esa dirección?

Mucho se ha escrito sobre los potenciales conflictos entre autoridades nacionales y subnacionales. Cierto nivel de conflicto es inevitable y ocurre en todos los países que se construyen a partir de la riqueza diversificada de sus habitantes y sus territorios. Otra cosa, es que la ceguera estatal del poder central aliente el conflicto y conduzca a la catástrofe.

Recuperar la visión

Como en la novela de Saramago de lo que se trata es de recuperar la visión, la diversidad de visiones y las visiones compartidas.

Parte de esta tarea estará en la Convención Constituyente. En la definición de un Estado descentralizado que avanza para reconocer la unidad en la diversidad.

Otra parte corresponderá al futuro gobierno que elegiremos a fines de año. Con alta probabilidad la descentralización estará en los programas de las candidaturas. Esta vez los compromisos electorales asumidos tendrán muchos más ojos que estarán observando su cumplimiento.

Y un lugar principal en este proceso lo tendrán las autoridades subnacionales reforzadas ahora por la presencia de las y los gobernadores electos. En estos días ya se han dado los primeros pasos, las y los gobernadores asociados se convierten en un actor político relevante y la mencionada anulación del decreto del Ministerio de Hacienda que expropiaba dineros a los gobiernos regionales autónomos ha sido su primera victoria.

Las y los gobernadores regionales tendrán a su cargo el desarrollo de los territorios. Su rol principal será convertirse en grandes articuladores de las visiones y voluntades comunes para lograr un desarrollo justo y sostenible. Una mayoría tiene pendiente la redefinición de sus Estrategias Regionales de Desarrollo. Es una gran oportunidad para cambiar el curso de la historia.

Contenido publicado en La Mirada Semanal

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