Claudia Sanhueza: Más allá del crecimiento, el desarrollo

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Los resultados de la encuesta Criteria señalan que existe un cuestionamiento al crecimiento económico como indicador de progreso social.

Efectivamente, el crecimiento económico es la tasa a la cual crece el PIB per cápita, y existen razones objetivas discutidas extensamente en la literatura por las cuales este es un indicador insuficiente para evaluar el desarrollo de un país.

Primero, es un indicador de resultados, no de procesos. No mide, por ejemplo, qué personas están empleadas y en qué condiciones. Tampoco mide los efectos que genera la producción en el medio ambiente o en las condiciones de vida de quienes habitan en los territorios: una alimentación adecuada, educación, vivienda, agua, cultura, deporte, entre otros. Segundo, incluye solamente lo que se transa en el mercado y tiene precio, dejando fuera, entre otros, las horas de cuidados, el trabajo doméstico y el tiempo libre. Tercero, no considera la desigualdad económica. En Chile, hay sectores que viven como los de menores ingresos en Mongolia y otros como los de mayores ingresos en Alemania (Milanovic, 2020). Finalmente, este indicador no mide las libertades civiles, la agencia y la discriminación.

Mejorar estas dimensiones invisibilizadas en el crecimiento económico está usualmente ligado al diseño de políticas públicas que intervienen el funcionamiento de los mercados, como impuestos, regulaciones medioambientales, y mecanismos participativos y democráticos en la toma de decisiones. Sin embargo, crear una dicotomía entre crecimiento y medio ambiente, justicia distributiva y democracia, no nos permite enfocar los esfuerzos en el avance del bienestar social, es decir, en evaluar el ‘desarrollo económico y social’.

La experiencia nos señala que muchas veces ‘lo que no se mide, no se puede mejorar’. Por lo mismo, es importante diversificar y corregir los indicadores del desarrollo. Se han hecho importantes esfuerzos de organismos internacionales y nacionales para esto. Pero no basta con eso, porque no todo lo que importa se puede contabilizar.

El proceso constituyente que ahora vivimos es un buen momento para superar la falsa dicotomía, estar más en línea con la ciudadanía, y reflexionar de manera colectiva y horizontal sobre qué vamos a entender por desarrollo y cómo evaluaremos entonces nuestro progreso como sociedad.

Contenido publicado en El Mercurio

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