Andrés Palma: Poder constituyente y poder local. Construir una democracia participativa

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No tiene sentido ni lógica democrática que las elecciones de diferentes niveles de representación territorial se realicen descoordinadamente, como absurdamente ocurre en nuestro país, favoreciendo el centralismo.

Con motivo de la segunda vuelta en la elección de Gobernador para la región Metropolitana se han suscitado varios foros entre Claudio Orrego y Karina Oliva, respecto de las características de uno y otra en cuanto a su potencial desempeño en la Gobernación he emitido mi opinión en diversas redes sociales. Pero esos debates me han hecho reflexionar sobre algo que espero aborde la asamblea de la Convención Constitucional, y tengo una positiva expectativa, dada la composición de la asamblea.

La reflexión se refiere a la simultaneidad, o no, de los procesos electorales que inciden en todo o partes del territorio, y a la conformación de las candidaturas en esos procesos.

Hoy tenemos varios absurdos enredos, originados en diferentes decisiones tomadas por personas involucradas en los resultados de esas decisiones.

Para ser explícito, los Consejeros Regionales se eligen junto con el parlamento nacional y la presidencia de la República, es decir, un poder claramente regional se elige en conjunto con uno nacional. Si todas las elecciones fueran en un mismo día, para todos los niveles, esto no sería raro. Pero sí lo es debido a que la gobernación de las regiones no se elige junto con los Consejeros Regionales, sino con las alcaldías y concejalías.

Para agregar pelos a la sopa vale destacar que las circunscripciones en que se eligen los Consejeros Regionales son diferentes a las de los parlamentarios. En el caso de la Región Metropolitana esto se hizo para que no compitieran en el mismo territorio.

Esta mezcla de elecciones en diferentes niveles hace que también se mezclen los objetivos y, como he aprendido de la elección reciente, ello no es bueno por dos motivos principales.

El primero es que se confunden los cargos, las funciones y los objetivos.  No es la misma función la de un gobernador o gobernadora que la de un alcalde o alcaldesa, ni la de las concejalas y concejales, y tampoco son los mismos sus territorios de desempeño. En suma son distintos sus objetivos. Esto vale también para las elecciones nacionales, de presidenta o presidente y del parlamento, que son simultáneas con los consejeros regionales, como ya lo he escrito.

Pero eso no es lo más complicado, porque si hubiera educación cívica se podría entender fácilmente. Lo más complicado es que la simultaneidad de elecciones en distintos niveles de territorios tiende a centralizar las decisiones y a politizarlas de manera centralista. Explico estas ideas. Centralizan las decisiones porque, en un país marcado por el centralismo contra las autonomías territoriales, va a prevalecer la visión desde el centro político y el espacio territorial más amplio respecto de la visión del territorio de menor densidad. Y las politiza de manera centralista porque serán, hoy legalmente esta establecido así, los acuerdos políticos centrales los que prevalecerán respecto de lo que podría darse en el nivel territorial de menor población o territorio. Y esto no tiene por qué ser así.

Le elección de los constituyentes mostró que era posible que organizaciones de base se unieran para tener representación con mayor vinculación al territorio, como es el caso de las listas de independientes, y eso es positivo para efectos de la representación en una instancia como la asamblea que elaborará una constitución. Pero la diversidad de las listas de independientes también demuestra que en distintos territorios las politizaciones o el tomar partido (aunque no les guste a algunos independientes, eso es lo que hacen al integrar una lista) puede ser diferente que la politización o el tomar partido a nivel nacional.

Las experiencias de primarias convencionales el Providencia y La Reina, acordadas por los todos los partidos de oposición y muchas organizaciones de base de esas comunas, que permitieron la presencia de una única candidata en cada una de esas comunas, en algunos casos contraviniendo las orientaciones e instrucciones de las direcciones nacionales y regionales de sus partidos, muestran que la politización en un territorio local puede ser diferente de la politización nacional. También es el caso de Renca, y es posible que de otros territorios respecto a los que no tengo antecedentes, y tal vez sea el caso de Atacama para la última elección senatorial.

Estos ejemplos sirven para demostrar que la democracia representativa no está agotada, sino que lo que está agotado es la politización centralista, o el centralismo democrático practicado por muchas fuerzas políticas.

Entonces bueno sería que la asamblea de la Convención Constitucional diera pasos para corregirlo. Yo creo que deben ser dos.

El primero, y más obvio, es que las elecciones de cada nivel sean separadas de las de los otros niveles: una elección para el nivel nacional sea que se mantenga el presidencialismo, se avance a un sistema semi presidencial o definitivamente a la democracia parlamentaria (de la que soy partidario); una elección regional, de la gobernación y de los consejeros regionales  (que también debiera ser democracia parlamentaria); y una local de alcaldías y concejalías.   Tres elecciones en cuatro años no son una dificultad, pero si se adopta el principio del parlamentarismo sería tres elecciones en lugar de cuatro, debido a las segundas vueltas. Hasta habría ahorros.

Pero el más importante sería el que los acuerdos o pactos para cada elección debieran adoptarse en los territorios involucrados y entre los actores de esos territorios, ejerciendo la democracia participativa. Así, en una comuna, como se ejemplificó, las fuerzas políticas y sociales de esa comuna se pondrán de acuerdo o de acuerdos en cómo enfrentar los desafíos de la comuna, y en cada comuna los acuerdos y desacuerdos, y las propuestas responderán a la realidad local más que a la nacional. De manera similar, para las elecciones regionales se podrá acordar pactos y programas de alcance regional, aún entre fuerzas políticas que no tengan la misma posición en el nivel nacional (sería interesante mirar la experiencia del País Vasco), debido a las particularidades que los territorios tienen y sus poblaciones demanden.

Por cierto, las elecciones nacionales son las elecciones políticas por excelencia, y allí si serán las estructuras políticas, los partidos, a nivel nacional las que construyan acuerdos y programas, como hasta ahora ha sido.

Volviendo a la elección de la Región Metropolitana, tal vez los resultados habrían cambiado, y los previsibles para el próximo fin de semana también, si se hubiera practicado ya esta forma de democracia.

Si cambiamos la forma de hacer política en los territorios locales y regionales, ampliando la democracia participativa, mejoraremos la convivencia, la eficiencia y la sapiencia de nuestro país.

Las y los constituyentes pueden hacerlo efectivo.

Agradeceré hacerles llegar esta opinión.

Contenido publicado en La Mirada Semanal

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